Sabías qué culturas mesoamericanas no registraban equinoccios

Con base en estudios de la arquitectura de más de 150 sitios arqueológicos, especialistas han comprobado que lo que realmente medían los pueblos prehispánicos eran cuartos de año. Ello demuestra que las ceremonias equinocciales en sitios arqueológicos son una moda actual redituable, poco cercanas a la realidad precolombina.

Un minucioso registro de patrones arquitectónicos que indican alineaciones astronómicas sobre edificios de ciudades mesoamericanas ubicadas en diversas regiones del país, efectuado desde 2010 a la fecha, comprueba que las ceremonias equinocciales en sitios arqueológicos son una moda actual redituable, pero poco cercanas a la realidad precolombina, porque lo que realmente medían los pueblos prehispánicos eran cuartos de año relacionados con la agricultura pero no equinoccios.
Así lo señala el arqueólogo Francisco Sánchez Nava, investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), quien conjuntamente con el arqueoastrónomo Ivan Sprajc, del Centro de Investigaciones Científicas de la Academia Eslovena de Ciencias y Artes, desarrolla el proyecto “Propiedades arqueoastronómicas de la arquitectura y el urbanismo en Mesoamérica”. A través de esta investigación, los arqueólogos tratan de establecer patrones de carácter arqueoastronómico para ver si éstos incidieron de alguna forma en la distribución, acomodo y orden que tuvieron las ciudades prehispánicas en toda Mesoamérica.
El también coordinador nacional de Arqueología del INAH dijo que se trata de estudios muy serios, que a la fecha se han llevado a cabo en más de 150 sitios prehispánicos de regiones culturales que incluyen la zona maya, el Golfo de México, el Altiplano Central y Oaxaca, cuyas antigüedades van del Formativo al Posclásico Tardío (500 a.C. –1521 d.C.), y en los cuales se han tomado más de 400 registros.
Entre los sitios estudiados se encuentran: Tenochtitlan, Cantona, Tenayuca, Cuicuilco (Altiplano); Monte Albán, Mitla, Yagul, Guiengola, Bocana Copalita, Monte Negro (Oaxaca); Comalcalco, La Venta, El Tajín, Quiahuiztlan, Cuauhtoxco, Castillo de Teayo (Golfo); así como del área maya: Chichén Itzá, Uxmal, Edzná, Kohunlich, Calakmul, Río Bec, Cobá y Tulum (en la región Tierras Bajas); Toniná, Tenam Puente, Chinkultic, Lagartero (Tierras Altas); Palenque, Bonampak, Yaxchilán (Selva); Izapa e Iglesia Vieja (Costa del Pacífico). También está Tikal, Guatemala (Tierras Bajas del Sur).
A partir de los resultados hasta ahora obtenidos, Sánchez Nava adelantó que en más de 70 por ciento de los edificios medidos, los patrones arquitectónicos son de carácter solar y su funcionalidad es indudablemente en el sentido Este-Oeste, es decir, que lo que observaban los mesoamericanos eran las salidas y puestas de sol. “Pero también nos ha quedado claro que los fenómenos equinocciables son poco probables, difícilmente los pudieron haber registrado porque no lo indican los edificios. No hemos encontrado ningún patrón en las numerosas estructuras que hemos medido, que se refiera expresamente al equinoccio; lo que realmente medían los pueblos mesoamericanos eran cuartos de año.
En cambio, dijo, “no nos queda duda que los fenómenos solsticiales, es decir, los extremos del Sol tanto en el norte como en el sur, eran los importantes, los funcionales para las culturas prehispánicas, porque éstos sí son muy evidentes en los edificios de todas las zonas arqueológicas estudiadas.“También —continuó— hay edificaciones y marcadores que permiten identificar el paso del Sol por el cenit, esto es cuando el Sol está en la parte más alta del cielo. Esta postura del astro también es comprobable en los edificios prehispánicos, pero los equinoccios son una moda actual, redituable; con base en los resultados, hasta ahora obtenidos, no tienen un soporte académicamente firme en Mesoamérica”, aseguró el investigador.
Sánchez Nava explicó que a partir de esta investigación también se ha encontrado que los patrones de orientación de los edificios construidos en la mayoría de zonas arqueológicas del Altiplano, son compartidos en buena parte de los sitios del área maya, principalmente en aquellos de las Tierras Bajas, donde están Chichén Itzá y Uxmal; en cambio en las Tierras Altas, donde se localizan Toniná y Lagartero, entre otros, hay un patrón distinto que aún no se determina a qué obedece. Una hipótesis que tienen ambos científicos, es que los sitios mayas de Tierras Altas guardan relación con los ciclos de Venus, pero aún falta comprobarlo afinando algunas medidas, lo que sí es claro es que se salen del patrón del Altiplano y de las Tierras Bajas.
En tanto, en la costa norte de la península de Yucatán, en la franja de Quintana Roo, Sánchez Nava y Sprajc han encontrado patrones distintos a los dos anteriores: “Al parecer, las alineaciones arquitectónicas de esta región obedecen a los ciclos de la Luna. “Curiosamente, en esta región donde los patrones lunares son los que han determinado las orientaciones de edificios emblemáticos —principalmente en la isla de Cozumel—, hay santuarios relacionados con la antigua deidad maya Ixchel, que entre otras advocaciones tiene la lunar. Ahora tenemos la hipótesis de que nuestras medidas tendientes a la alineación lunar obedecen a esa razón, a que son centros ceremoniales dedicados a la Luna”, anotaron.
Sánchez Nava recordó que la importancia de la astronomía en los sitios arqueológicos está fuera de toda duda, y que desde hace muchos años es sabido que las ciudades mesoamericanas no están distribuidas al azar, que hay orientaciones definidas, patrones de alineamientos arquitectónicos y urbanísticos, producto de una serie de observaciones tanto del entorno como de los astros. Sin embargo, dijo, las muestras eran muy aleatorias, “salpicadas” —en lenguaje coloquial—; “por eso nos planteamos un proyecto que ofreciera una muestra significativa de mediciones obtenidas con una misma metodología, en distintas regiones culturales y de diferente cronología, para que los resultados sean comparables.
“Seleccionamos el mismo tipo de edificios: altos, tipo palacio o templos, y funcionalmente observacionales, es decir, que desde sus estructuras se alcance a ver el horizonte”. Los estudios, concluyó el arqueólogo del INAH, se han hecho con los mismos aparatos calibrados: primero con brújula, para determinar orientaciones generales del patrón de distribución, y posteriormente con teodolito (medición de ángulos), para obtener mayor precisión.
Fuente: INAH
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: