Mamás trabajando

Por María Rosas
La inseguridad económica, la falta de apoyo, los prejuicios culturales que existen todavía con respecto a las mujeres que son mamás y trabajan fuera de casa, crean en un gran número de mujeres constantes dudas que les taladrán la cabeza y las hacen vacilar sobre si lo que están haciendo es lo mejor. Incluso, con nuestros rezagos de madres abnegadas y sumisas, muchas veces pensamos que lo único importante es la salud emocional de los hijos y renunciamos a nosotras mismas con la idea de que nuestro lugar es en la casa, junto a la familia. Por supuesto, el bienestar de los hijos es fundamental, pero también lo es el de las mujeres que muchas veces se olvidan de ellas mismas y asumen su rol de mamás como si fuera el único que tienen que desempeñar.

Al hablar de las mujeres que son madres de familia, los datos aseguran que las madres solteras y los hogares en los que el jefe de familia es mujer son crecientes. Según datos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) estamos hablando de un 42% de madres solteras que trabajan fuera del hogar. Se dice fácil, pero no lo es. Y no lo es especialmente para esas mujeres que antes de salir a trabajar tienen que haber cocinado, hervido mamilas, alistado niños en edad escolar y realizado una gran cantidad de actividades prácticas que hay que dejar resueltas antes de empezar el día laboral.

Por gusto, vocación, por necesidad o por la razón que sea, lo cierto es que las madres que trabajan deben buscar siempre la mejor manera de sobrellevar la rutina cotidiana en los hogares. La abogada Laura Beristáin, defensora de los derechos de las mujeres, afirma que aunque cada vez en menor medida, en México aún existe la cultura de que es la mujer la que tiene que hacerse cargo de la casa y de los hijos y que el papel del marido debe reducirse al de proveedor de bienes materiales. “Sería muy importante pensar seriamente en la posibilidad de que el hombre tuviera los mismos derechos que la mujer con respecto a los hijos, ya que las leyes 2 mexicanas no le dan a los menores la oportunidad de disfrutar del afecto directo y cotidiano del padre y es la sociedad la que sale perdiendo con ese patrón de conducta que se repite generación tras generación”, expone la penalista.

Existe una fuerte controversia sobre los efectos que se producen en la salud emocional del niño cuando tiene una mamá que trabaja. Sin embargo, un estudio realizado recientemente sobre el tema asegura que, contra la creencia más generalizada, no existen diferencias significativas entre los grados de apego a la madre que presentan los niños cuyas mamás trabajan y los pequeños con mamás que se dedican al hogar. Incluso una de las conclusiones del estudio es que las mujeres no empleadas reportan mayores niveles de malestar emocional que las empleadas. Probablemente su tensión se relaciona con lo invisible y solitaria que es la labor doméstica.

Pero a pesar de todos los estudios y opiniones de expertos, los únicos que saben cómo funciona la familia son los miembros de ésta. Y si mamá tiene que trabajar, todos tienen que participar en las labores del hogar. La mujer, de ninguna manera, debe sentirse culpable de tener que hacerlo
Para más información visita La difícil tarea de ser papás
Artículo publicado en la edición de noviembre 2014
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