Tuve una madre tóxica

Tuve una madre tóxicaTuve una madre tóxica, pero no la culpo del todo, bueno, ahora, pero mucho tiempo la culpe y hasta quizás hubo ligeros momentos en que mis sentimientos no fueron precisamente buenos, pero lo bueno de la edad, es que hay cosas que dejan de importar. Ahora creo que para los escasos elementos emocionales que tuvo, sus huellas de abandono, el poco amor propio, sus creencias religiosas basadas en el sufrimiento y sacrificio, y su tendencia depresiva hizo lo mejor posible.

 

Cuando era niña siempre tuve ganas de tener una madre de esas de película, una que le brillaran los ojos con sólo mirarme, que estuviera al pendiente de mí, se sentará a revisar mi cuaderno y me orientara sobre las mejores oportunidades que tendría en la vida. Que a diario me dijera lo orgullosa que estaba de mí, que me explicará que era el valor, que caminará de mi mano orgullosa. Que me dijera que soy bonita.

Pese a que eso nunca ocurrió, y que ella, a menudo estaba ocupada sufriendo, llorando o “ayudando” al prójimo, crecí, inevitablemente. Me volví fría, sarcástica e irónica: abogada (el chiste se cuenta solo), casi con el corazón duro hasta que me convertí en madre y fui bendecida con todo el amor que se puede recibir en la vida.

Sí, se lee en un párrafo pero fue un proceso como de 10 años.

 

Hubo un momento en que decidí que yo no era suficiente para limpiar las telarañas de mi cabeza y pedí ayuda. Realicé la mejor inversión que se puede hacer en la vida: ir a terapia. Aprendí a entenderme y a quererme, a respetar mi cuerpo y escucharlo cuando se manifestaba en forma de enfermedad. Aprendí a ampliar el zoom, cuando estás concentrada en ti, dejas de ver a los demás, te vuelves egoísta, y la vida es más amplia que las paredes de casa, claro que eso es parte del proceso, y cada quien lleva su propio ritmo.

Por eso, para mí, es muy importante visibilizar los derechos de los niños y las niñas, evitar el maltrato infantil y dotar a mis lectoras de herramientas de crianza positiva; estoy plenamente convencida en que el mejor remedio es la prevención, las relaciones sanas y los espacios de comunicación. Dentro de mí, soy una revolucionaria y día a día me siento más feliz y orgullosa aunque nadie me lo diga.

 

Me gustaría que mi madre fuera feliz. Me gustaría que ella viviera el proceso de madurar y ampliar el zoom, pero cada quien tiene su vida propia y a veces, sólo nos queda respetar. Por ello, no importa si tuviste una infancia triste, una huella de abandono, maltratos, vejaciones, abuso sexual o la vida más terrible, invierte en ti, te mereces ser feliz.

Los quiero, sean felices.

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Artículo escrito por Angélica Meza, abogada y directora de Amigos la revista, A.C. | Para conocer sobre su trayectoria haz clic aquí| Si deseas asesoría jurídica te invitamos a conocer el catalogo de sus servicios, citas para asesoría jurídica al 551697-3391 en CDMX únicamente.

Del proceso de maduración escribí esto hace tiempo, podrías leer: Figura endurecida (Nota: es un borrador)

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