Crónica del desprestigio

Once de la noche del jueves 8 de junio. Trabajo en casa. Soy abogada litigante y amo la noche para escribir mis promociones. Suena el celular. Mensaje de whatsapp de una organización civil, comparte una nota periodística: “Madre asesina a sus 3 hijos”.

La miro de reojo, pienso que es triste. Sigo trabajando.

Segundo mensaje. Dice la organización civil que trató el caso, conoció a los niños, afirma que le consta que fueron violados. Habla de la corrupción del Juzgado, del Juez. Conozco de primera mano la violencia estructural del sistema de justicia, pocos juzgados tienen perspectiva de género… Me encabrono.

Entro a facebok.

Lo primero que encuentro es la nota de otra conocida defensora de derechos humanos. (Además de litigante, defiendo los derechos humanos). Veo que alguien le llama esquizofrénica a la madre y la defiendo. Replico lo dicho por mensaje de texto. Me confrontan en redes sociales, aclaro mi fuente. Lo digo abiertamente porque la asociación se dedica al acompañamiento de personas violadas. Le creo a su mensaje de texto.

Soy imbécil.

Yo nunca creo en nada, siempre me espero a las pruebas, pero esta vez, presupongo, doy por hecho. Me engancho en un problema que no es mío; pero es que me hermana el saber de la violencia. Me llegan más mensajes. Me dicen que merezco el infierno por difamar.

Regreso al chat de los defensores de derechos humanos.

Juran que al día siguiente harán un pronunciamiento de prensa y buscan respaldo. Más de una organización dice apoyar el comunicado sin leerlo, ni ver las pruebas del expediente. Actuamos de buena fe.

Hago mención de las pruebas, será el interés superior del menor contra la presunción de inocencia, ¿qué dicen las pruebas?

Comparto en mi página fan la nota periodística. Comienzan los comentarios.

Me gana el cansancio y duermo.

Al otro día, durante todo el día no deja de sonar el celular. Veo de entre ojo. Sigo siendo una mala persona por difamar. La organización civil me pide no conteste, ellos enviaran el comunicado de prensa, siguen pidiendo respaldo.

Para la tarde, los mensajes siguen.

Casi sin pila en el celular señaló que si hemos de pronunciarlo sea con pruebas, reunámonos de forma inmediata, hoy o mañana. Me dicen que hay que esperar, tener una estrategia… Replico, para mi es simple, si se litigo el asunto se tienen pruebas, constancias, números de expediente, detalles de periciales, etc.

Vamos a formar una comisión… Comienza el gerundio y comienza mi desconfianza.

Hay más de una versión en la historia. Sale a la luz que nunca se acredito la violación, que ella era al menos inestable, con intentos de suicidio, en depresión… Comienzo a dudar.

Una amiga me escribe desde E.U a mi FB, me cuenta otra historia.

La organización civil que a media noche mandaba mensajes no da la cara.

Lloro. Me siento utilizada, estúpida valdría agregar.

Pienso si debo borrar mis mensajes de FB.

Con algo de pila en el celular, descubro que se cambió de postura. Lucharemos por la prevención… Buscaremos…

Me indigno, pero mi credibilidad se vio salpicada por dejarme llevar por un mensaje de texto.

Hay muchas notas de la tragedia, como pasa el tiempo se explotan los detalles. Se reparten culpas. Las personas comentan, en todos los sentidos: a favor, en contra, llegan a los insultos. Bloqueo desde mi página fan, ya no quiero leer más comentarios, ya no quiero que suene el teléfono.

Termino el viernes llorando, sé que la indignación es efímera y en algún momento todo pasará. Sigo trabajando y publicando en el tiempo en línea de amigos.

Sábado, 9:45 de la mañana. La misma persona de la asociación civil comparte nota tendenciosa en el chat. Le pido que no lo haga, ya no más dichos que no van a respaldar, no me gusta quien usa el rumor… Hay diferentes posturas, los mesurados con respeto dicen que se comparta con mesura y responsabilidad, hay quien me llama poco solidaria. Si quieres no abras el link. El clásico, sé tolerante y si no vete. Me rio. Todos los integrantes del chat son personas defensoras de derechos humanos.

Siguen las notas, los vídeos de la tragedia, las entrevistas. Demasiada gente tiene muchas cosas que decir. El último vídeo que veo antes de dormir señala, la culpa es de los abogados por lucrar, por querer ganar dinero.

Estoy cansada del tema.

Pienso en escribir este post siendo la madrugada del domingo para fijar mi postura.

Creo que el asunto estuvo lleno de errores, que las partes cometieron errores y pagan las consecuencias los niños, que lo que sucedió no fue de un día para otro, pero la gente a veces no es consciente de las consecuencias de sus actos. Sin duda ella merecía tener apoyo médico y terapéutico para lidiar con la situación, pero él hubiera no existe y es fácil dejarse llevar por la manipulación.

Pienso si el proceso judicial estuvo bien llevado. El derecho es muy técnico: se presenta escrito inicial y con su respuesta, se fija la litis, es decir, qué vamos a probar y cómo. Las pruebas se anuncian en el escrito inicial, se relacionan con los hechos, se señala los puntos en los que versaran, incluidos peritajes. Para el derecho todo tiene su tiempo y su forma, y no hacerlo dentro del protocolo, deja fuera del conocimiento del Juez. Puedes tener miles de peritajes que si no se exhibieron en juicio de la forma y en el momento procesal oportuno, no sirve de nada. Me hace mucho ruido que la Asociación civil que dice litigar el asunto no de la cara ni exhiba nada, sólo sigue mandando vídeos o notas periodísticas por mensaje de whatsapp a defensores de derechos humanos. Creo siempre quedará la duda…

Sigo trabajando, ya habrá otra nota en otro encabezado.

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