La adolescencia y la falta de empatía de las madres perfectas

Iniciaré con reconocer que jamás en la vida he querido ser perfecta y lo mismos se extiende a la maternidad, me gusta ser una persona feliz. No soy la madre que amanto por años, tampoco culpo a nadie de no tener “una lactancia exitosa”, no lacte porque NO ME GUSTO, lo hice un par de meses, los suficientes, los necesarios, luego llego la comida y nos seguimos con el biberón. Trabajaba y estudiaba, y siempre me ha gustado tener mi propia identidad y no oler a leche todo el tiempo.

No fui madre colecho, ella tuvo su propia habitación justo enfrente de la mía, ahí hicimos un lugar especial para la lactancia, para arrullarla, hasta para la lectura, lo cierto es que la realidad y las expectativas no siempre caminan de forma paralela. Ustedes entienden, así que tampoco es que fui una madre desprendida.

 

Pasaron los años y ahora tengo una puberta, llena de contradicciones, dudas, desidia mucha desidia, que su palabra favorita es “no sé”, que abre miles de veces el refrigerador para luego encerrarse en su cuarto. No es que nuestra vida sea terrible, sólo diferente y me siento extraña e impotente, y aunque me considero lista, suelo terminar por pensar que algo hice mal.

 

Así que lo más triste es cuando compartes una duda y todas a tu alrededor se vuelven perfectas, con hijos o hijas perfectas, con vida exitosa y claro, te juzgan y enlistan toooooodo lo que he hecho mal en la crianza de mi hija: ¡Fue tu exceso de libertad! ¡Te dijimos que tuvieras otro hijo! ¡Te deberías acercar más a Dios! ¡Es como tú, ahí tienes las consecuencias! …

 

No es que mi hija se volvió una delincuente, o ande metida en drogas, o cosas súper intensas; sólo cada día busca más su propio espacio, se separa de nosotros, no la vemos tan feliz, le cuesta relacionarse, hablar de sus pensamientos y nada parece interesarle, sí nada…

 

Antes de que surjan recomendaciones, ya tenemos apoyo especializado, y el post no es para pedir apoyo, sino para reflexionar sobre la empatía en nosotras, las madres.

 

Suponiendo que tu puberto jamás en la vida te ha alzado la voz ni aventado puertas o rezongado por pedirle que ordene su cuarto, lave trastes o cualquier labor doméstica; suponiendo que tu adolescente sea promedio de 10, lleve 6 clases extracurriculares, no diga groserías y todos sean inmensamente felices día a día, si una amiga te busca estresada, quizás no quiera sabias palabras o consejos, mucho menos ser juzgada, sólo busca un poco de empatía, un lugar seguro para compartir sus dudas, o sólo reír mientras recuerda que pensaba que dejar el pañal fue difícil.

 

A veces las mujeres nos juzgamos con mucha fuerza, con estándares tan altos que resulta difícil salir con al menos un suficiente. Es obvio que todas cometemos errores, sea por inexperiencia o falta de conocimientos, pero nuestros intentos muestran amor, mucho amor. Intentemos ser sensibles y colocarnos en el lugar del otro antes de hablar de nuestra increíble felicidad.

 

Si tienen algo que compartir, sea en público o privado, saben que respondo por todas las redes sociales.

Sean felices.

 

Angélica Meza

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