10 mitos y prejuicios del maltrato infantil

La violencia infantil tiene sus orígenes en la crueldad inspirada en conceptos exagerados de disciplina infantil, cuando padres o tutores ejercen rígidas interpretaciones de autoridad. Las secuelas de la violencia son dificulta para formar vínculos afectivos permanentes y positivos con otras personas, mejorar sus emociones, controlar impulsos, manejar y aplicar un sistema de valores. La violencia de adulto en contra del niño o la niña lleva al terror infantil, el terror infantil lleva al enojo del adolescente y el enojo del adolescente con demasiada frecuencia lleva a la rabia del adulto, tan destructivo para otros como para sí mismo. El terror, el enojo y la rabia no son ingredientes de calles seguras, familias fuertes ni comunidades cariñosas.

Cuando pensamos en maltrato infantil tendemos a referirnos a situaciones graves, crueles y perversas, yolvidamos otras formas de maltrato menos llamativas. Por eso, uno de los primeros mitos es pensar que es poco frecuente, en realidad, desgraciadamente, es algo muy cotidiano.
Por eso te enunciamos los 10 principales mitos y prejuicios del maltrato infantil.
1. Todos los malos tratos son iguales.
No, el maltrato infantil son las acciones no accidentales ocasionados a un menor por persona o institución que se supone la existencia del maltrato físico, negligencia, maltrato psicológico y/o abuso sexual.

La negligencia es una falta de responsabilidad parental que ocasiona una omisión ante aquellas necesidades del menor para su supervivencia y que no son satisfechas temporal o permanente por los padres, cuidadores o tutores. Comprende una vigilancia deficiente, descuido, privación de alimentos, incumplimiento de tratamiento médico, impedimento a la educación, entre otras.

2. El maltrato siempre es físico.
No necesariamente, por ejemplo, una de las formas de maltrato psicológico es la hipersexualización de las niñas, es decir, la sexualización de las expresiones, posturas o códigos de vestimenta considerados como demasiado precoces, que conlleva a una infancia cada vez más erotizada.

Por el patrón de la hipersexualización de las niñas, se construye el autoestima sobre la base de la imagen corporal hipersexualizada. Aprenderán a valorarse a sí mismas en función de su atractivo físico y del deseo sexual que despierten en el sexo opuesto. Así, se desarrollan mujeres frágiles, extremadamente vulnerables, inmersas en una batalla constante consigo mismas, de la cual es imposible que salgan victoriosas.

La hipersexualización hace que se infravaloren social y personalmente el resto de ámbitos que componen la identidad femenina, lo cual conlleva a que las mujeres inviertan menos energía en el desarrollo de otras facetas de su ser para poder dedicar todo su esfuerzo a cultivar su imagen corporal. De esta manera, quedan mermadas o poco desarrolladas otras capacidades importantes de las mujeres, más relacionadas con lo mental y espiritual que con lo físico.
3. La violencia y el amor no pueden darse al mismo tiempo dentro de la misma familia.
Desafortunadamente no es así. Muchos de los niños maltratados quieren a sus padres tanto antes como después del maltrato. La coexistencia entre amor y violencia hace que los niños crezcan considerando que la violencia es aceptable.
4. Si el abuso sexual o el maltrato ocurrieran en nuestro entorno, nos daríamos cuenta.
No necesariamente. En general los niños o las niñas mantienen el abuso como secreto, pero las barreras caerán si usted habla abiertamente del tema. La persona que abusa suele ser una persona manipuladora y puede confundir al menor sobre lo que esta “bien” o que es un “juego”. Además, la persona que abusa suele avergonzar al menor, acusándolo de haber permitido que ocurriera el abuso, y en muchas ocasiones, el menor teme desilusionar a sus padres y romper la armonía familiar.

Por ello, no espere señales obvias de que un niño o niña esta siendo abusado sexualmente. Las señales físicas de abuso sexual son poco comunes, sin embargo, la irritación, la inflamación o el sarpullido en el área genital, las infecciones de las vías urinarias u otros síntomas deben ser investigados con detenimiento. Aunque son más comunes las señales emocionales o de comportamiento y pueden variar, desde un comportamiento perfeccionista, retraimiento o depresión, hasta una rabia y rebeldía inexplicable. O bien, un comportamiento y lenguaje abiertamente sexual y atípico para la edad.

5. El maltrato y la desprotección, sólo afecta a clases sociales bajas o desfavorecidas.
El maltrato infantil no depende de factores económicos, sociales o culturales. Factores como falta de experiencia en el cuidado del niño, ignorancia de sus necesidades evolutivas, disarmonía familiar, padres con poca tolerancia al estrés, falta de capacidad empática y/o falta de soporte familiar facilitan la aparición de casos de maltrato y  abandono infantil.
6. Sólo podemos considerar el maltrato cuando este es intencionado.
Muchos de los padres y madres que maltratan a sus hijos no son conscientes de lo que hacen. La intencionalidad no es un requisito necesario para considerar el maltrato. En numerosas ocasiones el maltrato deriva de la inexperiencia, incompetencia, ignorancia, prejuicios e/o ideas erróneas de los padres.
7. Los padres y madres que maltratan a sus hijos deben ser apartados de la sociedad y recluidos en instituciones penitenciarias o de salud mental.
La protección infantil necesita de una actitud social rehabilitadora y protectora que permita a los padres afrontar de manera adecuada sus responsabilidades parentales.

La rehabilitación de los padres maltratadores es posible a través de un trabajo continuado y especializado. Es necesario el desarrollo de redes asistenciales que permita atender tanto a los agresores como a las víctimas.

8. Todas las personas que son maltratadas en la infancia serán maltratadores en el futuro.
No está demostrada la transmisión generacional del maltrato, aunque sí patrones de conducta que pueden ser aprendidos y replicados.
9. Los niños y adolescentes a menudo fantasean, inventan historias y mienten cuando dicen que han sido víctimas de abusos sexuales.
Falso. Los niños y las niñas pues rara vez mienten acerca de la violencia sexual, por ello, si tuvo la confianza de decírselo: CREALE.

Nunca los considere culpables; entienda que el niño o niña puede sentir conflicto respecto a sus sentimientos hacia el agresor.

Evite mencionar palabras que denigren o confundan al niño o la niña; no haga promesas que no pueda cumplir; evite preguntar las razones por las que el niños o la niña permitió que la violencia sexual se prolongara; mantenga la calma; animelo/a a hablar sobre la situación de violencia; asegúrese de que no ha sufrido heridas; exprese afecto y evite la sobreprotección; de los primeros auxilios sin hacer juicios de valor y acérquese a las redes de apoyo que brindan protección.
 
10. Los niños y las niñas pueden y seducen, a veces, a los adultos.
Falso. Algunos adultos pueden considerar ciertas conductas infantiles como provocadoras o seductoras, sin embargo, es el adulto quien interpreta dichas conductas o se siente seducido, nunca el niño. El único responsable de la situación de abuso es el adulto.
Por ello, Las recomendaciones son:
  • Acepte la realidad y cuide a su hijo o hija. Sea consciente de que el abuso sexual ocurre cuando un niño o niña está a solas con un adulto. Sepa con quien deja a su menor y qué hacen. El mayor riesgo de los menores no proviene de desconocidos, sino de sus propios familiares y amigos.
  • Un niño, niña o adolescente es potencialmente violentado sexualmente si es educado a golpes, si se le subestima y sobaja, si vive sin comunicación, en el abandono o desamor.
  • La edad y el nivel de desarrollo del niño o la niña, le impiden un verdadero conocimiento y consentimiento de lo que esta sucediendo, siente que guarda un gran secreto y se cree incapaz de resolverlo.
  • Infórmese. Sepa como reaccionar, a dónde ir, a quién llamar y cómo reaccionar. Su reacción tiene gran impacto sobre un niño o niña vulnerable. Cuando usted responde con rabia o incredulidad frente a una revelación que hace su hijo/hija, el menor tenderá a encerrarse en sí mismo.
  • A un niño o niña que ha vivido violencia se le debe transmitir seguridad, afecto, esperanza y espacio para el luto. Por ello, la calidad de apego en relaciones significantes y de largo plazo debe ser central en intervenciones con niños o niñas dañadas con violencia; donde el cómo es más importante que el qué.
Publicado en la edición de Agosto 2014.

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