10 principios sobre crianza positiva y buen trato

La violencia no es hereditaria, se aprende. Y desafortunadamente muchas veces es el hogar por un modelo de crianza que no beneficia estrechar lazos efectivos en la familia, por ello, te compartimos 10 principios sobre crianza positiva y buen trato:

1. Dar cuidado y guía apropiados
Para que un menor pueda desarrollarse adecuadamente necesita cuidados físicos, afectivos, pautas de comportamiento y normas que les hagan sentirse queridos, protegidos y seguros. La negligencia en los cuidados parentales es una manifestación de violencia contra el menor. 

La negligencia es una falta de responsabilidad parental que ocasiona una omisión ante aquellas necesidades para su supervivencia y que no son satisfechas temporal o permanente por los padres, cuidadores o tutores. Comprende una vigilancia deficiente, descuido, privación de alimentos, incumplimiento de tratamiento médico, impedimento a la educación, entre otras.

2. Conocer, proteger y dialogar con ellos
La crianza positiva exige paciencia y esfuerzo de los cuidadores al menor, a partir de tres premisas: conocer, proteger y dialogar. Conocer y entender a los niños y las niñas, preocuparnos de cómo se sienten, qué piensan y cómo reaccionan según su etapa de desarrollo. 

De igual forma, debemos ofrecerles seguridad y estabilidad para que los menores puedan confiar, sentirse protegidos y guiados para poder tener una comunicación sana que permita tener un dialogo abierto de sus problemas. Los problemas se deben resolver de manera positiva: sin recurrir a castigos físicos, gritos, amenazas o insultos.

3. Tener un vínculo afectivo es determinante
Los vínculos afectivos son lazos invisibles pero de gran intensidad emocional que se crean entre el niño o la niña y sus padres o cuidadores, desde el momento mismo del nacimiento. Definen la relación entre ambos y tienen una influencia decisiva en el desarrollo de los niños y las niñas, en su personalidad y su autoestima. Es ese vínculo el que proporciona al niño o a la niña seguridad.
4. Mostrar abiertamente el afecto
Los niños y las niñas no dan por hecho que son queridos, necesitan verlo y sentirlo para sentirse seguros. El abrazo es una forma en la que se pueden expresar los afectos de amor, gratitud, empatía, cariño, comprensión, dolor, etc., por lo tanto resulta ser una expresión muy completa de nuestro estado emocional sin importar a qué etapa del desarrollo nos refiramos. Aunque el afecto también se manifiesta mostrando interés por lo que los niños y las niñas sienten y piensan, dedicándoles tiempo.

Los niños y niñas a quienes se les muestra el afecto cotidianamente, a través de un abrazo, muestran un claro sentido de pertenecía lo cual les permite desarrollar su autoestima e identidad de manera saludable. Además de que podrán desarrollar más fácilmente su autoconfianza y seguridad, con lo cual serán capaces de establecer vínculos afectivos estables, sanos y confiables.

5. Es necesario poner reglas y limites para darles seguridad
Las normas y límites son tan necesarias para el desarrollo emocional, cognitivo y social como el afecto. El niño y la niña necesita un entorno predecible y saber qué esperan de él o ella sus padres, les aporta seguridad. Las normas deben ser claras, sencillas y estables, y servir para facilitar la convivencia familiar y la vida en sociedad. Es necesario que se acompañen de una explicación coherente, que el niño o la niña pueda comprender: no vale el “porque lo digo yo”.
6. Los niños y las niñas deben participar en el proceso de tomar decisiones y sentirse responsables
Si se implica a los niños y las niñas en el establecimiento de las normas es más fácil que las comprendan y acepten. Todos los miembros de la familia están más motivados a la hora de cumplir las normas si estas han sido habladas y consensuadas. Se pueden conseguir así decisiones más creativas y que sean percibidas como justas. Los niños y las niñas desarrollan una buena autoestima, confianza en sí mismos y sentido de la responsabilidad.
7. Se les debe enseñar las consecuencias de sus actos
Cuando los niños y las niñas incumplen una norma o tienen una rabieta, no es porque sean malos o quieran amargarnos la vida. Al igual que nos pasa muchas veces a los adultos, a los niños y las niñas les cuesta controlar sus emociones y tolerar la frustración.

Cuando no se respeten las normas y el niño o la niña se exceda en su reacción ante prohibiciones u órdenes (rompan cosas, peguen a otros niños, se tiren al suelo y pataleen), pueden aplicarse sanciones que sirvan para que repare el daño causado o para que entienda que lo que ha hecho no está bien y no debe volver a hacerlo.

Las sanciones deben ser proporcionadas y claras, y aplicarse rápidamente y de manera firme, pero tranquila y respetuosa. Las sanciones tienen que mantenerse, por eso deben ser proporcionadas, ser realistas y no durar demasiado tiempo.
8. El maltrato infantil no es adecuado para educar
¿Por qué? Porque el niño o la niña aprenden que amor y violencia pueden ir de la mano, que cuando alguien me molesta y soy más fuerte puedo ejercer mi poder sobre otro para imponer mi voluntad.

Aprende que la inmediatez de la fuerza es más útil a la opción del diálogo y al establecimiento de normas y límites. Cuando se pega a un niño o una niña o se le insulta por algo que ha hecho mal se siente profundamente mal, indefenso y rechazado por sus padres, estas emociones no le permiten recapacitar sobre el motivo por el que se le castiga. La corrección sin violencia, acompañada de una explicación clara, con ejemplos, alternativas y compromisos ayuda al niño o la niña a interiorizar las normas y a respetarlas de manera responsable.

9. Resuelve los conflictos sin violencia
Los conflictos dentro de las relaciones afectivas pueden estrechar los lazos de esta unión si se resuelven de manera pacífica. Solucionar problemas sin violencia o agresividad física o verbal, exige un ejercicio de autocrítica, de explorar nuestras motivaciones y de respeto al otro. Requiere desplegar herramientas de comunicación y negociación, como:
  • La escucha activa. Tratar de entender lo que el otro quiere decirnos (aunque no compartamos su punto de vista).
  • Ponerse en el lugar del otro: ¿qué siente? Es importante mostrar empatía.
  • No emplear actitudes agresivas como insultos, reproches, chantajes o amenazas. Extreman las posturas de las personas enfrentadas y crean un clima muy desfavorable.
  • Negociar salidas al problema, cediendo en algunas cosas y asumiendo compromisos.
10. Para que los menores estén bien, los padres y las madres tienen que estar bien.
Las madres y los padres deben enfrentarse diariamente a muchas situaciones y reaccionar de manera inmediata, sin pararse a pensar. Algunas situaciones pueden ser fuentes de preocupación, como la educación o la salud de los hijos y las hijas. Es natural sentirse a veces desbordado, triste o frustrado, pero es necesario evitar que este estado se generalice o se alargue en el tiempo.

Asumir una maternidad o paternidad responsable y positiva implica también cuidarse a uno mismo, buscar momentos de relajamiento y disfrute personal que proporcionen descanso y fuerza para poder “tirar del carro” de la familia. Así que ¡cuídate y quiérete tú también!

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