Mi adolescente, la cosificación y el feminismo

Como algunos saben tengo una hija de 12 años, la cual es el motor de todo lo que encuentran en Amigos y consecuentemente ha sido educada entre talleres, cursos y muchas conferencias por tener una madre que trabaja; así que mucha de su educación es totalmente vivencial, y más allá de dar o no lecciones moralistas, trato de ser un buen ejemplo.

Ocurre que dentro de la celebración de salida de sexto año de primaria se realizó un viaje de 4 días a un campamento, que en realidad no era tal, pues tenían recamaras para compartir con su propio baño. Tenía ganas de que ella viviera una experiencia así, de enfrentarse a la vida sin mamá y papá aunque fuera dentro de una burbuja acolchonada, pues tampoco fue una experiencia salvaje.

 

Regreso feliz, motivada, con muchas experiencias y reflexiones; que vista la calidad de las mismas, decidí compartirlas.

 

De un total de aproximadamente 76 niños y niñas de alrededor de 12 años, sólo un pequeño grupo de 4 o 5 niñas fueron consideradas las “subnormales”, de entre las cuales se encuentra mi hija, ¿por qué? Porque fueron las que no se maquillaron ni hipersexualizaron sus cuerpos. Ya que hubo niñas que llevaron plancha para el cabello para una “cita” y vestido para la noche disco, aun cuando a cada padre y madre de familia nos enviaron una lista de las cosas que deberían y no deberían llevar nuestros hijos e hijas.

 

En este punto lo natural es minimizar las cosas, pensar que burlar las normas es un juego, una travesura, cosa de “niños” o peor aún que es una muestra de su liderazgo (sí, aunque no lo crean, alguna vez una madre me respondió eso del liderazgo); o  que la situación se debió a que las niñas son “coquetas” por naturaleza; pero no es así, ya que textualmente comentaban en el baño: “Me arreglo para mi chico” ¡A los 12 años! ¡12!

 

Que una niña de 12 años piense que le pertenece o no a un chico es grave; que piense en la necesidad de maquillarse e hipersexualizarse para generar atracción es peor; pero que el padre y/o la madre no se dé cuenta sólo denota que la niña crece sola sin una guía emocional que la haga reflexionar sobre el alcance de sus acciones y lo que puede conllevar.

Básicamente el ejercicio del campamento además de ver las herramientas para la autosuficiencia de los niños y las niñas, es un claro ejemplo de autocontrol ante lo correcto o incorrecto en un estado de libertad; donde se pudo mostrar desde la fortaleza, la agilidad, la empatía, la solidaridad, la amistad y muchos valores más; pero en el caso de las niñas fue el ejemplo de la cosificación arraigada a tal punto que no vela cualquier autocritica y al ser a tan temprana edad, habrá de germinar, para dar como resultado mujeres frágiles que piensen que su valor está en la belleza y en el número de chicos que pueden o no atraer para solucionar sus problemas.

¿Tú que valores transmites a tu hija? ¿Ves como algo natural la hipersexualización a temprana edad? ¿La transmites que su valor es por su talento o por su imagen y presencia? ¿Te consideras una mujer frágil? ¿Crees en la necesidad de un hombre para resolver tus problemas? Mucho por reflexionar y trabajar como sociedad.

 

Sin duda, los hijos son grandes lecciones de vida y la adolescencia es un curso intensivo. Te abrazo y quiero a la distancia. Si eres madre de un adolescente y quieres compartir algo conmigo, no dudes en hacerlo. Besos

@angie

 

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