Herramientas de crianza positiva para mejorar la comunicación con tu adolescente

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Según el psicoterapeuta Alfred Adler, desde que nacemos, las personas perseguimos la misma meta: pertenecer y ser reconocidos. Pero, ¿a qué queremos pertenecer y ante quiénes deseamos ser reconocidos? El ser humano es un ser social por naturaleza, por tanto, nuestro deseo innato es pertenecer a los grupos sociales más cercanos con los cuales convivimos, es decir, la familia, el entorno educativo, los grupos de amigos, etc.

Pero no alcanza solamente con pertenecer, necesitamos además sentirnos valiosos e importantes para esas personas.

 

Pensémoslo así, ¿cómo nos sentiríamos en un equipo al cual pertenecemos pero nunca nadie nos pide una opinión, nos da una palabra de aliento o nos toma en cuenta? El reconocimiento, el sabernos valiosos y útiles va de la mano con la pertenencia.

 

1. Los cambios en la infancia

En la niñez este sentimiento social se va forjando en el día a día entre padres e hijos. “Los niños no vienen con manual bajo el brazo”, dicen, pero los padres hacemos cuanto podemos para educarlos. Algo muy importante dentro de esa educación, es ayudarlos a entender su mundo emocional, tan intenso y cambiante (sobre todo en los primeros años de su vida) a través de cada berrinche, de cada enojo, en cada situación de frustración de su pequeña cotidianidad.

 

Es así como desde pequeñitos van forjando todo un abanico de conocimiento entorno a sus emociones. Con la guía amorosa y paciente de los padres, los niños van aprendiendo a nombrarlas, a identificarlas y más adelante (en el mejor de los casos) a autorregularlas, para ellos somos sus máximos héroes, así nos ven.

 

2. Los cambios en la adolescencia.

Pero cuando todo este trabajo por fin empieza a dejar ver sus frutos, ¡llega la adolescencia! ¿Qué fue de mi linda niña que corría siempre a contarme todas sus cosas? ¿Qué fue de ese niño tan aplicado y alegre con el que disfrutaba tanto jugar y reír? ¿Dónde se han ido mis hijos? ¿Quién me los ha cambiado?

 

Ahora, hago mis mejores esfuerzos para lograr que apenas me saluden, ruego para que levanten una cuchara, ni se diga que ordenen su recámara que parece campo de batalla, que terminen a tiempo sus tareas, que me dirijan una palabra más extensa que “ajá”, “no”, “sí”, “no lo sé”. Siento que cuanto más me esfuerzo, más les digo, más les pido y ordeno, menos caso me hacen, ¡es como si fueran sordos! A veces estoy realmente desesperada, frustrada y me enojo tanto que empiezo a gritar y a dar órdenes sin parar, pero ellos ni en cuenta. Y mientras todo esto ocurre, sueles preguntarte: ¿dónde fallé?, ¿qué fue lo que hice mal?

 

“Tranquila/o, quiero decirte que estos cambios que ves ahora en tus hijos son normales y propios de la nueva etapa a la cual está entrando, la etapa de individualización, en la cual suceden cambios físicos, psicológicos y emocionales muy profundos y vertiginosos, por tanto, a los padres nos toca aprender de nueva cuenta qué sucede en esta etapa para saber cómo podemos acompañar a nuestros hijos, tal cual lo hicimos en su infancia.”

 

3. Herramientas para mejorar la comunicación

A continuación quiero compartirte entonces, dos herramientas de Disciplina Positiva que te ayudarán a establecer una sana comunicación con tus adolescentes:

 

  • Comprende al adolescente:  Quita de tu mente la idea de que todo cuanto tu hijo hace es “para fastidiarte”. Recuerda que los adolescentes viven “en su mundo” y muchas veces ellos no tienen consciencia de lo que están provocando en los demás, de igual manera que nosotros no nos detenemos a pensar qué estamos provocando en ellos al estarles todo el tiempo encima recordándoles lo “incapaces” que son porque no hacen cuánto le pedimos, cómo se lo pedimos y exactamente cuándo se lo pedimos.

 

Cuando los padres hacemos esto, ellos simplemente interpretan que no confiamos en sus capacidades y que queremos controlarlos, entonces se revelan o nos ignoran. Por nuestra parte y en consecuencia a su reacción, tendemos a pensar que los hijos “se nos están escapado de las manos”, entonces reafirmamos estos comportamientos con más fuerza, es un ciclo erróneo y sin fin.

 

En lugar de tomarlo personal o entrar en lucha de poderes, te invito a hablar con tu adolescente mirándolo como lo que es, una persona con una percepción diferente a la tuya. En un buen momento, siéntate con tu hijo y de forma sincera y sin sermonear, dile que comprendes que tus intereses como padre puedan no ser los tuyos, sin embargo, hay reglas de convivencia familiares que se deben cumplir para el bienestar de todos.

 

Si tú no haces la compra, no hay alimentos para hacer la comida, ¿cierto? Y no es que “mueras de ganas” cada semana por ir a hacer el súper, simplemente lo haces porque es lo que hay que hacer para que la familia tenga alimento. De igual manera, tu adolescente debe contribuir al bien familiar.

 

Para esto, de antemano haz una lista de las cosas en las que quieres obtener su cooperación y cuando te reúnas con él pregúntale cómo estaría dispuesto a colaborar con esas peticiones. Aquí es fundamental la escucha activa (sin críticas), el muchacho/a debe ver que realmente tienes interés en escuchar su punto de vista. Dile que por una semana dejarás “de ordenar y sermonear” porque confiarás en sus capacidades y en el plan que juntos han ideado para que las cosas funcionen de la mejor manera para todos. Ten paciencia, confía en el proceso y observa los resultados.

 

  • Respeta para conectar: Para los adolescentes algo muy importante en sus vidas es la privacidad. ¿Y qué hacemos los padres la mayoría de las veces? La interrumpimos y no la respetamos. El respeto es un valor crucial en toda relación interpersonal y, sin lugar a dudas, una herramienta de crianza muy poderosa. Habla con tu adolescente sobre la importancia que para ti representa tener una convivencia basada en el respeto.

 

Abre diálogo y muéstrale un genuino interés por conocer su punto de vista respecto a todas las veces que él siente que no lo estás respetando, ya sea en tu manera de hablarle o en tu accionar. Pregúntale qué cosas sugiere entonces que podrías hacer o decir en lugar de eso. De igual manera, toma tu turno para expresarle a tu hijo/a cuándo es que tú como padre te sientes irrespetado. Juntos escuchen y evalúen cuáles cambios están dispuestos a hacer para que todos se sientan respetados.

 

Tal vez puedas interpretar a priori que el hecho de preguntarle a tu hijo acerca de tu actuar, te reste autoridad, pero es todo lo contrario. Cuando los hijos observan lo dispuestos que estamos sus padres en cambiar nosotros primero en lugar de intentar contra viento y marea cambiarlos a ellos, se muestran más cooperativos. Además, considerar las opiniones de nuestros hijos adolescentes respecto a cómo interactuamos con ellos, puede arrojarnos información valiosa para mejorar la convivencia.

 

Te sorprenderás como hacer este pequeño gesto, puede lograr grandes cambios. Y recuerda que los adolescentes están más dispuestos a escucharnos, cuando hemos invertido tiempo en escucharlos primero.

 

Espero que estos consejos de Disciplina Positiva, te sean de utilidad para forjar la sana relación con tus hijos.

Bendiciones,

 

Para más información visita: www.pequenogranhumano.org

Carla Herrera es Entrenadora Certificada en Disciplina Positiva por la Possitive Discipline Association y Directora de Pequeño Gran Humano. Artículo publicado en la edición de febrero 2017. Para suscribirte a nuestro boletín electrónico haz clic aquí…

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