Un no puede ser la diferencia

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Muchas veces los adolescentes ponen a prueba la tolerancia de los adultos. Conforme los niños y las niñas crecen y llegan a la adolescencia, pareciera que pierden todo “el encanto” que de pequeños mostraban. Empiezan a mostrar actitudes desafiantes y rebeldes que parecen no tener motivo ni razón, algunos parecen ensimismarse tanto que poco les escuchamos las palabras.

Uno y otro extremo requieren de nuestra atención y dedicación. No podemos dejar de estar atentos a las señales de enojo, aislamiento, desafío o indiferencia que un adolescente presente. No lo hace por que sí. Detrás, hay algo, que sumado al descontrol hormonal y desarrollo que tienen les está alterando y llevando a actuar sin control.

 

Quizá no hay nadie lo suficientemente cerca de ellos para guiarlos, atender sus picos de humor, o la cantidad de emociones y dudas que la etapa conlleva, o bien, saben que tienen cerca a quien a todo les dirá que SÍ con tal de no perder la aceptación del adolescente.

 

Es como si en esta época, nosotros, los adultos estuviéramos demasiado ocupados y preocupados por no perder “el amor” y “la amistad” de nuestro adolescente, aunque de por medio este su formación e integridad. ¿Qué es más importante? ¿Qué nos acepten o su bienestar? ¿Tenemos que esperar a que las cosas salgan de control? ¿A qué caigan en conductas extremas?

 

Antes de que empieces a recriminarte sobre lo que hiciste mal, quizás sólo debes pensar si no olvidaste decirles que NO de vez en cuando y a tiempo, para enseñarlos a manejar su frustración y sobre todo, para hacerlo comprender que en la vida tendrá que esforzarse para lograr lo que desea.

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 Si al ir creciendo tú te conviertes en un padre o madre permisiva, tu hijo no sabrá lidiar con nuevos retos y nunca cambiara su nivel de exigencia. Por lo que en su momento, no sobra como enfrentar las exigencias y quizás no sepa tomar decisiones, o tomará decisiones equivocadas por buscar el camino más fácil aunque sepan que el resultado pueda no ser conveniente.

Si quieres apoyar a tu hijo, ayúdalo a desarrollar capacidades como la toma de decisiones, a esforzarse, a lidiar con la frustración.

Hoy, mientras son adolescentes y nos ocupamos sólo de parecerles los más buena onda, pareciera que no es tan malo, pero pronto, al brinco de la siguiente etapa inevitable de desarrollo nos veremos exigiéndoles por lo que no supimos enseñar, reclamándoles su intolerancia a la frustración cuando nunca nos detuvimos a decirles firmemente que NO y desesperándonos por su apatía y su poca capacidad decisión cuando no se nos ocurrió marcar consecuencias congruentes, claras e inamovibles ante las fallas naturalmente cometidas mientras crecen.

 

Un NO puede ser diferencia. Un NO puede darles mayores herramientas. Un NO puede regalarles oportunidades. Un NO puede enseñarles lo valioso que es saber luchar, esperar y esforzarse para obtener el SI que buscan para su vida futura.

No temas que te vean feo, que no seas su mejor amigo o amiga, que digan y renieguen hoy mientras son adolescentes. Pronto, podrás decirle a tu yo interno “qué bien lo hicimos” mientras lo o la ves triunfar.

Para más información puedes contactar a Gabriela Perusquía vía twitter @gapapc  |Ella es terapeuta y activista por la infancia y adolescencia. Artículo publicado en la edición de febrero del 2017

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