La escuela debe enseñar a pensar…

La escuela debe enseñar a pensar, de eso no cabe la menor duda, cada pedagogo dirá: ¿cada uno puede responder qué significa eso? ¿Qué significa pensar y qué es el pensamiento? La pregunta está lejos de ser sencilla y, en determinados sentidos es caprichosa. Con mucha frecuencia confundimos el desarrollo de la capacidad de pensar y el proceso de adquisición de los conocimientos establecidos por los programas, y estos dos procesos, no coinciden automáticamente, aunque son imposibles uno sin el otro. 

“El mucho saber no enseña inteligencia”. Esta idea, expresada hace más de dos milenios, por el sabio Heráclito de Éfeso, no ha envejecido. El conocimiento por sí mismo no enseña. y no tiene fundamento la opinión de que la inteligencia o la capacidad de pensar es un “talento” que viene de “Dios” o “de la Naturaleza”, o del padre y la madre. La habilidad de pensar no es “meter” reglas o recetas a la cabeza. La inteligencia no es un “don natural”, lo natural es tener un cerebro: el órgano del pensamiento. 

La capacidad de pensar con ayuda de este cerebro, no solo se desarrolla, se perfecciona, sino que surge sólo junto con el contacto del hombre con la cultura general de la humanidad, con los conocimientos, como la capacidad de andar en dos pies que el hombre no posee de la naturaleza. Esta es una habilidad como todas las capacidades humanas restantes. Cierto que el andar erguido es fácil de enseñar por cualquier madre, pero utilizar el cerebro para pensar no sabe enseñarlo cada pedagogo profesional, aunque éste tiene un conjunto de ayudantes: al pensamiento del pequeño le enseña toda su vida circundante.

Como es el caso de las actividades culturales y artísticas de las cuales hablamos en el artículo: 3 razones para incluir el arte en la educación de tu peque; donde señalamos que la creatividad que desarrollan con el arte, es la que los hace generar nuevas ideas a partir de conceptos conocidos que habitualmente producen ideas originales.

Las representaciones acerca del surgimiento innato, natural, de la capacidad (o incapacidad) de pensar es sólo una cortina que oculta al pedagogo intelectualmente haragán aquellas situaciones y condiciones realmente muy complejas que prácticamente despiertan y forman la inteligencia, la capacidad de pensar independientemente. Con estas representaciones justifican frecuentemente su incomprensión de tales condiciones, el poco deseo de adentrarse en ellas y tomar para sí el trabajo nada fácil de su organización.

Enseñarle algo al niño o la niña, incluida la capacidad de pensar individualmente se puede solo con una relación atenta hacia su individualidad, donde se organice el proceso de asimilación de los conocimientos, donde no sólo se entrene a su memoria sino su capacidad por resolver tareas que requieran pensamiento propio, juicios independientes. 

Todo el conocimiento humano no es otra cosa que un proceso ilimitado de planteamiento y solución de nuevas tareas. Cuando se ve en ellas no sólo frases sino respuestas se asimilan las fórmulas y posiciones científicas. Al asimilar el conocimiento no tendrá que “machacarlo”, pues entiende y recuerda fácil y naturalmente la respuesta. Y si la olvida, no es una desgracia, siempre la hará surgir de nuevo cuando se encuentre con una situación problemática con las mismas condiciones: ese es inteligencia.

Es necesario enseñar a pensar, ante todo, con el desarrollo de la capacidad de plantear correctamente la pregunta. Con esto comenzó y comienza cada vez la ciencia, con el planteamiento de la cuestión, con la formulación del problema, de la tarea, que es insoluble con la ayuda de los métodos de acción que ya se conocen, con las vías conocidas
Prueba de ello, es el caso Finlandia, quienes escogieron poner en el del sistema educativo al alumno, así como sus necesidades reales. La clave de su éxito son alumnos felices, libre de progresar a su ritmo, donde se respeta el proceso de adquirirlos conocimientos. Para conocer más, te recomendamos leer el artículo: La clave del éxito del sistema educativo de Finlandia
La inteligencia enseñada a actuar según un “estándar” por una receta preparada de “solución tipo” es ineficaz y termina por no captar la atención de los alumnos/alumnas. Como es el caso de la escuela tradicional donde su imagen autoritaria no integra a los estudiantes con el colegio, por lo que los menores están poco o nada adaptado sin interés por lo que les enseñan, aburridos con trabajo sin sentido, con miedo a ser castigados o humillados y confundidos por una enseñanza repleta de conceptos abstractos. Para más información recomendamos leer el artículo: 3 Razones para entender el fracaso de laescuela tradicional
Por ello, la educación de la escuela debe enseñar a pensar a través de un proceso cuya mayor importancia sea el alumno/alumna y sus necesidades acorde a los cambios.
Artículo completo en pdf: La escuela debe enseñar a pensar, Evald V. Iliénkov Ensayo publicado en la revista “Educación popular”, 1964, No. 6 (suplemento) Traducido por Eduardo Albert, revisado por Rafael Plá León y editado por nosotros.
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