El ABC para entender a un adolescente

Sabías que

¡Quiero arroz! ¡Guácala! ¿Arroz? ¡No me gusta el arroz! ¿Hoy no hay arroz? Si me encanta el arroz. Y como estas un millón de frases contradictorias, de un día sí, un día no y el otro quién sabe. Así la pubertad. Así la adolescencia. La inmensa mayoría de los padres de familia temen el momento que sus hijos e hijas lleguen a la adolescencia, por los cambios hormonales que derivan en un sin fin de cambios de humores, emociones desbocadas a tope, rebeldías y retos a los padres para medir quién puede más y hasta dónde pueden llegar, porque sí, en la pubertad y adolescencia el mundo se vuelve casi insignificante y ellos y ellas se sienten súper poderosos. Nada los detiene, nada es suficiente, todo pueden y todo es demasiado.

Vivir en un cuerpo puberto o adolescente no es nada sencillo. Ellos y ellas lo sienten, pero no lo saben. Es más, no comprenden porque van de un lado a otro en emociones como canica en caja de cartón. Ahora súmenle que nosotros adultos los estigmatizamos y señalamos desde antes como “insoportablemente adolescentes”, menos comprenden entonces por qué deben comportarse según las reglas, los estándares de lo “apropiado” y controlar sus arranques emocionales, si de todas formas ya están siendo señalados y etiquetados.

Esto lejos de ayudarles, les confunde aún más en el torbellino de hormonas y cambios que la etapa trae implícita. Entonces, ¿qué hacer con nuestros hijos pubertos y adolescentes?  Hay que tener presente y muy claro 4 puntos para que esta etapa no se vuelva un campo de batalla en casa:

 

1. Respeto: Fomentar el respeto de los niños y las niñas hacia sus padres desde pequeños es el primer punto, para formarlos, comprendiendo que más que amigos son padres e hijos. Sus padres son la primera figura de respeto, reglas y seguridad que tendrán para toda la vida. Pero de igual forma, los padres y las madres deben respetar a los hijos e hijas. Conforme crecen, ellos tendrás sus propias ideas, opiniones, sentimientos y gustos. ¡Todos son importantes! A los niños, las niñas y los pubertos se les debe escuchar y validar; sin que ello signifique transgredir normas de cuidado, protección, formación y respeto establecidas en casa.

 

2. LímitesDe este punto hemos hablado mucho y no nos cansaremos de hacerlo, ya que no sólo marca la diferencia sino que se forman adultos que saben auto controlarse, respetarse a sí mismos, manejar la frustración y levantarse ante los tropiezos. Quienes crecen sin límites serán autoritarios, inseguros, frustrados e inconforme. Por eso, es necesario establecer límites desde la primera infancia, para que en la pubertad ya los conozcan y sepan que hay reglas que se deben cumplir en casa y fuera de ella. Esto hará que en la adolescencia aunque busquen retar y trasgredirlas, sabrán que hay consecuencias a sus actos y les será más complicado romperlas y ponerse en riesgo.

 

3. Libertad: La libertad nada tiene que ver con libertinaje. La libertad significa confiar en ellos y ellas. Pasar de ir al frente para guiar a cada paso, para estar ahora a un costado: atentos, vigilantes, pendientes y ocupados de ellos sin acosar, permitiéndoles decidir, opinar, equivocarse o rectificar. No los vamos a dejar que decidan cualquier situación de alto riesgo nada más para poner a prueba su libertad, para eso estaremos al lado, para guiarlos, sugerir y orientar cuando sus pasos quieran probar caminos que los pongan en alto riesgo.

 

4. Espacio: Conforme los niños y las niñas van creciendo y entrando a la pre y luego a la adolescencia, van requiriendo mayor espacio. Esto no quiere decir que los dejes encerrarse y aislarse por horas y horas. Es una mezcla de los puntos anteriores, respeto, libertad y límites. Si desde pequeños les muestras que respetas su espacio cuando quieren estar solos un momento, les enseñas que pueden tomarse su tiempo para entender sus emociones y después acudir a ti para apoyarlos, sabrán que aunque estés “de lejitos” siempre estarás al pendiente. Sabrán que no se cierra la puerta para tener “privacidad”, ya que conoce que puede tener su espacio sin encerrarse y tú no entrarás a “invadirlo” sin antes tocar a la puerta (sí una puerta que está abierta pero igual tocas) y preguntar si puedes entrar. Así, ellos y ellas sabrán que estas para darles confianza, respeto y libertad. Si tienes más de un hijo o hija, enséñale desde pequeño a respetar el tiempo y el espacio de cada integrante de la familia para una mejor convivencia.

 

Para más detalles, no dudes acudir con SinCeraSer, A.C. donde te apoyaran con cursos y talleres sobre límites, roles, riesgos y fortalezas en la pre y adolescencia. Informes: 6550-0668 o al correo electrónico meinvolucro@sinceraser.org

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