Mi adolescente, la belleza y la depilación

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La adolescencia es una etapa de cambios, muchos. Uno de ellos son los vellos. Cuando llegaron fueron el signo inequívoco de que mi bebe ya no era una bebe. Confieso no supe como iniciar la conversación, así que pasaron varias semanas para que me acercara a su cuarto y sentada en su cama le dijera abiertamente: existen tres opciones.

Hay la costumbre de depilarlos, pues hay quienes lo asocian a una falta de aseo y cuidado. Hay quien opina que debemos dejarlos porque es parte de la aceptación del cuerpo natural de la mujer y una forma de revelarnos del patriarcado; y finalmente, podemos no hacer nada hasta que sepas que quieres hacer.

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Escena de la película: “Brave” Cuya protagonista decide emprender su propio camino sin importar las tradiciones familiares.

Le expliqué me depilo porque me gusta ser lampiña, no hay ninguna intensión revolucionaria ni mucho menos una obligación dentro del canon de belleza. De hecho nadie me inició en la depilación, sólo un día tuve curiosidad y lo hice en el baño de mi casa, desde entonces me gusta hacerlo. Porque poco a poco fui descubriendo mis gustos.

 

Por eso, para mi es importante que sea una decisión de ella. No es sólo si quiere o no depilarse, ella debe averiguar que mujer quiere ser y por qué. Ella debe sentirse bella en su propia piel y la mejor forma, es sentirse cómoda con sus propias decisiones. Su proceso de transformación es más allá de la apariencia, su proceso de transformación que inicia en la adolescencia es una toma de conciencia sobre las infinitas posibilidades.

 

La belleza son las emociones, la autopercepción y la actitud.

 

Así, hay días que me siento hermosa con cara lavada y cabello esponjado a las 7 de la mañana mientras la dejo en el colegio, porque simplemente me siento feliz de tenerla, de poderla educar, de tener una hermosa comunicación con ella y encima me desarrollo como abogada y editora. Ya después correré, me podré tacones, algo de maquillaje y hasta quizás me peine. Seguiré siendo la misma persona, aquella que se siente hermosa sin importar el disfraz.

 

Tuve una madre tóxica, por eso intento que cada día cuente entre nosotras. Quiero que cuando ya no vivamos juntas recuerde con alegría las mañanas del colegio, las risas del desayuno, el ir cantando entre el tráfico y hasta como corríamos cuando sonaba la campana. Sin importar el itinerario, siempre hay espacio para los besos y los abrazos.

 

Sin duda, los hijos son grandes lecciones de vida y la adolescencia es un curso intensivo. Te abrazo y quiero a la distancia. Si eres madre de un adolescente y quieres compartir algo conmigo, no dudes en hacerlo. Besos

@angie

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