Los abrazos y sus beneficios

Dentro de cada una de las etapas de desarrollo, existen diferentes formas en las que tanto niñas como niños van expresando sus afectos. La manera en la que ellos elijan expresar sus emociones dependerá en gran medida de la cultura a la que pertenezcan, las condiciones sociales y emocionales de la familia, así como la cercanía de alguna figura de protección para él o ella.

El abrazo es una forma en la que se pueden expresar los afectos de amor, gratitud, empatía, cariño, comprensión, dolor, etc., por lo tanto resulta ser una expresión muy completa de nuestro estado emocional sin importar a qué etapa del desarrollo nos refiramos.

 

Los niños y niñas a quienes se les muestra el afecto cotidianamente, a través de un abrazo, muestran un claro sentido de pertenecía lo cual les permite desarrollar su autoestima e identidad de manera saludable. Además de que podrán desarrollar más fácilmente su autoconfianza y seguridad, con lo cual serán capaces de establecer vínculos afectivos estables, sanos y confiables.

 

La autovaloración, la empatía y la compasión por los demás también son habilidades que se desarrollan a través de una expresión emocional como el abrazo. Incluso beneficia a aquellos niños y niñas que se encuentran enfrentando algún miedo, dolor o pérdida, ya que reduce significativamente la tensión, el estrés y aumenta gradualmente la sensación de bienestar y placer.

 

Existen diversos estudios que revelan la liberación de Oxitocina, la cual es la hormona relacionada con el placer y el bienestar, y es la responsable de todos los beneficios relacionados con el abrazo que sentimos en nuestro cuerpo y en nuestras emociones. Esta hormona se liberará en los niños y niñas, siempre y cuando estén abrazando a alguien a quién realmente quieran y con quién realmente sientan confianza.

 

Cuando por alguna razón el niño o la niña tienen contacto físico a través del abrazo con personas que les desagradan, su cuerpo reacciona con los síntomas contrarios a los ya anteriormente mencionados; es decir, existe un desequilibrio total del organismo y se llega a manifestar este desagrado a través de llanto, gritos o pataleo.

 

Además de que muestran presión arterial alta, aumentan también los niveles de estrés y ansiedad, y pueden llegar a experimentar miedo o incomodidad, y en general un descontrol en el estado anímico, ya que existe una sensación de malestar.

 

Por otro lado, la falta de contacto físico a través del abrazo de manera  regular, puede ocasionar en el niño inseguridad, aislamiento y carencia afectiva por parte de sus padres o cuidadores. Por lo tanto, es mucho más probable que aquellos niños y niñas a quienes se les ha mostrado abiertamente el afecto, sean más alegres que aquellos a quienes se les expone a malos tratos, devaluaciones o indiferencia constante.

 

De ahí que sea responsabilidad de los adultos utilizar el abrazo como forma de expresión emocional cotidiana en los más pequeños, pues dicha práctica impactará en su desarrollo emocional, académico, social y personal de manera integral, de tal forma que puedan llegar a ser adultos sanos y felices.

 

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Artículo publicado en la edición de JUNIO

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