Cuando las palabras lastiman

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La rutina, las presiones de trabajo cotidianas nos hacen perder de vista muchas de nuestras reacciones y respuestas al llegar a casa. Nos sentimos cansados, fastidiados, estresados y angustiados, haciendo que lo único que queramos al entrar al hogar es que todo, casi como por “arte de magia” funcione a la perfección y no nos provoque un desgaste o conflicto extra.

Pero ¡no! la vida en casa no funciona así de simple como quisiéramos. Se nos olvida que también el hogar y la familia está conformada por personas; Individuos con necesidades, pensamientos, emociones y conflictos propios; Todos/as requieren de tiempo, dedicación y atención. Cada uno/a tiene necesidades, SI! desde papá y mamá, como hombre y como mujer antes que como el rol que ejercen, hasta el más pequeño/a que conforme la familia.

 

En este ir y venir de las rutinas diarias, pensamos que al llegar al hogar el único/a que necesita descanso, relajarse y ser atendido/a es uno mismo/a, olvidándonos que todos/as traen su propia carga, sea por trabajo, por estar al cuidado de la casa y todo lo que implica ya sea por la escuela, por la familia, por los amigos/as, etc. Cada uno/a de acuerdo a su edad, su rol y su personalidad tiene necesidades y problemas que dimensiona de manera diferente al otro. Al perder de vista esto, se corre el riesgo de caer en las respuestas ofensivas y/o en las acciones que lastiman, ya sea porque ignoramos o porque realmente podemos perder el control, principalmente con los pequeños/as del hogar, quienes generalmente no entienden de cansancio ni estrés de los papás y desde su percepción de vida no comprenden por qué no podemos dar un  “extra” de energía para entregarles al final del día.

 

Ellos/as, no saben por qué entramos a casa con el enojo atravesado porque el jefe nos pidió de última hora resolver pendientes o nos exigió resultados casi imposibles, o porque hubo quién no entregó el trabajo a tiempo y nos ocasionó un traspié con el cliente. O por qué estamos fastidiados después de un día de recoger, lavar, cocinar, atender y hasta jugar.

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Los niños/as y hasta los adolescentes quieren un momento, un tiempo, una palabra más de sus papás al terminar un día que les ayude a entender ese conflicto que tuvieron en la escuela o celebrar el logro que los hizo sentirse orgullosos. Si sólo obtienen respuestas cortantes, agresivas y desesperadas, estaremos construyendo un muro invisible entre ellos/as y nosotros que a muy corto plazo puede interrumpir por completo la comunicación trayendo las graves consecuencias correspondientes, tales como la búsqueda de otros soportes para la resolución de sus conflictos: sea a través de personas abusivas o bien, hasta el consumo de sustancias nocivas.

 

Las palabras que dirigimos a los niños/as y adolescentes tienen “súper poderes”, así como pueden hacerlos construir una auto estima elevada, una comunicación asertiva con los demás y una adecuada expresión de sus sentimientos y pensamientos, puede llevarlos al extremo contrario. Una palabra dicha con enojo, frustración y/o dolo destruye, lastima y queda grabada en la mente de ellos/as aún mucho tiempo después, nuestras palabras pueden dejarles marcas imborrables en su interior, cicatrices que aunque no se ven, resultan tan dañinas como las que deja un golpe. Porque siembran en ellos/as desconfianza, vulnerabilidad, inseguridad y hasta rencor, que si no se resuelve y trabaja adecuadamente puede llevarlos/as a convertirse en adultos agresivos, intolerantes y frustrados.

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Sí, nuestras palabras pueden lastimar profundamente,  debemos prestar mucha atención antes de decirlas y dejar que se conviertan en punta de lanza que atraviese el interior de quiénes más queremos. Te recomendamos que antes de entrar a tu casa cada día, conviertas en rutina realizar por lo menos 2 minutos de ejercicios de respiración que te relajen y te permitan llegar dispuesto a disfrutar el rato que tienes para convivir en armonía con los tuyos.

Ponemos a su disposición los servicios de capacitación: talleres, conferencias, cursos y atención individual y familiar que brinda SinCeraSer en temas de mal trato infantil, adolescente, familiar y desarrollo en infancia y adolescencia. Más informes con Gabriela Perusquía Carreras es Presidente SinCeraSer, para más información comunícate al teléfono (55)6550-0668 o escribe al correo: meinvolucro@sinceraser.org Para más informes consulta su página web: www.sinceraser.org

Para suscribirte gratis y recibir en tu correo electrónico toda nuestra información, haz clic AQUÍ. Artículo publicado en la edición de marzo de 2015

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