La evolución de los límites

 

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Cambiar los valores culturales de los patrones de una “buena” educación, es quizá, la tarea más difícil a la que la sociedad actual se enfrenta. Por un lado, si eres demasiado “libre y permisivo” con tus hijos, estás criando niños caprichosos, exigentes e intolerantes; y por el otro, si eres “firme y tajante” estás criando niños agresivos o inseguros ante el miedo que le tienen a la “figura de autoridad” que domina su hogar.

Entonces,  ¿cómo saber cuál es la forma más adecuada de educar a los hijos? ¿Cómo lograrlo conforme van creciendo?

Lo primero es entender 2 puntos básicos: poner límites NO es Mal Tratar y todo extremo resulta inadecuado y generalmente, hasta contraproducente

De eso justamente se tratan los límites, de darle sentido al rol de padres formadores de los hijos, ellos aunque la gran mayoría de las veces no lo parezca, piden a gritos una figura que sea capaz de marcar el límite que los guíe positiva y claramente para enfrentarse con confianza y fortaleza, fuera de la seguridad del hogar, a cualquier situación que se les presente en la vida.

La evolución de los límites en casa es:

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1. EL BERRINCHE

Un niño pequeño hace “berrinche” para conseguir lo que quiere, y puede hacerlo con tal intensidad que terminamos por ceder y perder en la estructura de la formación de los hijos al no poner límite a esas manifestaciones de exigencia.

A más fuerza del berrinche, más firme debe ser el “no”, mismo que SIEMPRE deberá estar acompañado del diálogo y explicación del motivo. Una vez que el berrinche haya pasado POR COMPLETO y ambos (padres e hijo o hija) se encuentren relajados, se podrá lograr una adecuada comunicación para enseñarle a digerir las emociones y que con gritos, berrinches y exigencias no se consiguen las cosas.

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2. EL CHANTAJE EMOCIONAL

Cuando los hijos crecen un poco más, la técnica del berrinche se ve desplazada por la del “chantaje emocional”, mismo que de ser necesario pueden hacerlo llegar hasta las lágrimas para que los papás cedan ante la solicitud, llámese tiempo de juego con los amigos, con el video juego, con la computadora o adquirir algún juguete o accesorio “terriblemente necesario” para ellos.

En este momento la firmeza del “no” en la etapa del berrinche comienza a rendir frutos, si desde el primer momento nos olvidamos de formar más adelante “porque está chiquito”, será mucho más sencilla la comunicación y la comprensión de los límites en la etapa del chantaje emocional, donde la coherencia entre la acción y el límite debe ser total para obtener los resultados esperados y continuar el proceso de formación.

De tal forma, que si se fija un tiempo estimado de video juego, debemos empezar por respetarlo nosotros mismos y estar pendientes de no pasarnos de éste por ocuparnos en otras labores; en la medida que los hijos sientan que nosotros mismos nos distraemos del límite acordado, buscarán hacerlo también, recurriendo al nombrado chantaje emocional con frases tales como: “¿pero por qué no me dejas más tiempo? Si tú tienes tantas otras cosas que hacer que ni me haces caso como el otro día que me dejaste jugando más tiempo por estar trabajando, limpiando, etc…”

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3. EL INCOMPRENDIDO ADOLESCENTE

Así nos llega la etapa de la “incomprensión adolescente”, donde el berrinche y el chantaje emocional pueden llegar a parecer hasta insignificantes, todo se magnifica a los ojos de los hij@s adolescentes, por lo que si en las etapas anteriores lograron encontrar la forma de hacer que los padres cedieran constantemente, volviendo sus límites tan flexibles como ell@s lo desearon, la tarea en esta etapa será por demás ardua.

En la adolescencia los hijos buscan ser escuchados y tener opinión aunque “nunca los comprendan”

Los límites y la formación no están peleados con su necesidad de expresarse, más escucharlos no significa ceder. Es momento de marcar el “no” en el entendimiento, los adolescentes ya son totalmente capaces de comprender razones, aún si no las consideran válidas las entienden, así que es la etapa en la que se deberá apelar más que nunca a la comunicación con argumentación, estableciendo límites claros y precisos para que no encuentren fácilmente la forma de darles la vuelta.

Tal y como es el momento de enseñarles que la presión social no tiene que marcar su ritmo y su actuar, los padres deben mantenerse firmes en el límite acordado para evitar caer en la presión de la incomprensión adolescente.

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Los límites no buscan imponer, restringir o agredir,  los límites forman, educan, orientan y fortalecen. A los hijos hay que dejarlos crecer en libertad y para hacerlo hay que formarlos en la comprensión de lo que la libertad conlleva: responsabilidad, compromiso y respeto consigo mismo y con los demás. Si los hijos conocen de límites, podrán desenvolverse plenamente como padres, como profesionistas y como personas.

Gabriela Perusquía C. es Presidente Sin Cera Ser A.C. Organización civil dedicada a la prevención del maltrato infantil. Síguela en sus redes sociales @gabapc / @SinCeraSer| Para suscribirte haz clic aquí

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